miércoles, 2 de mayo de 2018

Tres fantásticos bailarines españoles en el Stuttgart Ballet


De izda. a dcha. Elisa , Martí y Alicia  (Foto: L.R.)

Alicia Amatriain, Elisa Badenes y Martí Fernández Paixá, tres españoles y fantásticos bailarines del Stuttgart Ballet nos hablan en esta entrevista de las dos caras de su profesión, la belleza de su apasionada vocación y el inevitable sacrificio que implica el darlo todo para desarrollar al máximo un talento.

Lola Ramírez

Sábado 21 de abril. En el Schlossgarten de Stuttgart luce un sol de verano. El termómetro marca 27º de temperatura. Alicia Amatriain, Elisa Badenes y Martí Paixá, se sientan conmigo en una moderna terraza frente a la Ópera, donde mañana Martí debutará en el papel de Colas en La fille mal gardée”. Antes, esta misma tarde, en la Schauspielhaus los tres bailarines del Stuttgart Ballet (SB), interpretarán Die fantastischen fünf (Los cinco fantásticos).

Alicia Amatriain, la más veterana de los tres en la compañía que dirige desde hace 22 años Reid Anderson, recibió en 2015 el título nacional de Kammertaenzerin, el rango más alto que puede alcanzar un bailarín en Alemania. Elisa Badenes es bailarina principal de la formación desde la temporada 2012-2013 y Martí Fernández Paixá es solista del Stuttgart Ballet desde la temporada 2017-2018. Hoy los tres están felices porque gran parte de sus respectivas familias ha viajado a la ciudad alemana para verles actuar.

¿Me encuentro ante tres de Los cinco fantásticos?
Alicia Amatriain es la primera que toma la palabra: “No. El título Los cinco fantásticos hace referencia a los coreógrafos, que son de la casa. Marco Goecke es el único estable y los otros cuatro, Román Novitzky, Fabio Adorisio, Louis Stiens y Katarzyna Kozielska son compañeros nuestros. El SB lleva 60 años dando la posibilidad a sus bailarines de que creen sus propias coreografías. Y de ahí ha salido la idea de hacer este espectáculo.
Elisa: Es la última temporada de nuestro jefe y por eso se hacen estos espectáculos especiales, porque quieren recordar su paso por el SB, lo que ha hecho y cómo ha ayudado a estos jóvenes coreógrafos a crear nuevas piezas
“Reid Anderson -continúa Alicia- se retira después de 22 años en la compañía. Yo he hecho mi carrera con él porque llevo 19 años en el SB. ¡Toda una vida!
Alicia Amatriain (Foto: Roman Novitzky)
A ninguno de los tres les tienta especialmente el mundo de la coreografía, aunque Martí afirma que si bien no le llama mucho la atención, le gustaría “probar”, afirma con una sonrisa que le ilumina toda la cara. Es el más joven del trío y se le nota. “A mí me gusta que se coreografíe con y para nosotros -afirma Elisa- porque también das un poco de ti, los pasos los haces a tu manera y además, a veces, vas a interpretar una coreografía especialmente creada para ti”. “Como ésta, por ejemplo -puntualiza Alicia. Cada pieza ha sido creada para los bailarines que la van a bailar hoy. Se trata de un trabajo conjunto con el bailarín. El bailarín es el instrumento y el coreógrafo va moldeando lo que es la estructura”. Los tres coinciden en que el hecho de que les esté dirigiendo un compañero no afecta a la disciplina que exige su trabajo. “El que está delante, dirigiendo, está delante, sea un compañero, tu mejor amigo, tu marido o tu amante. Está delante y siempre hay que mantener un respeto”, concluye la laureada bailarina.

¿Qué os ha dado y que os está dando de positivo el mundo del ballet?
Elisa: Una carrera, el día a día, completarte como persona. Dedicas tanto tiempo a esta disciplina que al final ocupa tu vida y te llena como persona.

¿Y no roba también mucha vida privada?
Martí: Cuando eres joven y te dedicas al ballet no tienes mucha vida privada, no tienes mucho tiempo para salir y cuando lo tienes estás cansado. Maduras mucho más rápido porque la disciplina que te marcan en la escuela es muy fuerte y eso te hace madurar de otra manera y más rápido.
Alicia y Martí en Die Fantastischen Fünf (Foto: Stuttgart Ballet) 

Y sacrificarte ¿no?, porque te apetecerá salir, beber, ligar, comer, trasnochar… Y eso supongo que se verá en cierta manera limitado.
Alicia: Un bailarín hace exactamente eso igual que otra persona. Yo llevo 19 años en la compañía, mi carrera no es la misma que la de ellos porque la de ellos está en el centro, mientras que la mía está ya por terminar; pero yo no puedo quejarme de no haber tenido una vida igual o mejor que otra persona. Yo he salido, yo he bebido, he comido, sigo comiendo, he conocido gente, me gusta salir de noche, salir a bailar con amigos y eso es algo que cada uno lo tiene que compaginar con su trabajo. Naturalmente no salgo hasta las 7 de la mañana si al día siguiente tengo que bailar un Quijote.
Elisa: Pero es lo mismo que si sales hasta las 6 de la mañana y al día siguiente tienes que ir a la oficina.
Martí: Yo acabo de empezar y los años de la escuela son los más exigentes. Compartir estudios y danza es muy difícil.
¿Habéis podido hacerlo?
Martí: Yo hasta el Bachillerato si.
Alicia: Yo no.
Elisa: Yo continúo haciéndolo. Estoy en la Universidad a distancia, pero es complicado. Cuando estás en la escuela es muy difícil. Yo iba a la escuela normal por la mañana hasta las 5 de la tarde y luego me iba al Conservatorio hasta las 10 de la noche. Entonces olvídate de vida privada y de todo.
Martí: Yo creo que compensa, a mí al menos me compensa.
Elisa: Al final haces un balance entre tu vida profesional y tu vida privada y te compensa.
Alicia: Yo creo que no existe un bailarín o una bailarina sin haber tenido experiencias fuera, en lo que es la vida real. Si no tienes una vida al margen de la danza, fuera de lo que son las clases y el espectáculo, no puedes expresar las mismas emociones. Si te pasas el día en la sala de ballet, trabajando puedes ser técnicamente increíble, pero lo que es el mundo de las emociones, todo eso te viene de las cosas que te ocurren en la vida, de las paredes con las que te pegas y de las puertas que se te cierran. Y todo eso ocurre teniendo una vida privada fuera, después de que se sale de este teatro.
Pero tú misma has reconocido que no has podido compaginar estudios y ballet.
Alicia: Yo personalmente he tenido una escuela bastante diferente que ellos. Llegué aquí a los 14 años y por ley tenía obligación de ir al colegio alemán. Por un lado eso ha sido una ventaja porque he podido aprender el idioma perfectamente. Pero a la vez, al tener horas obligatorias de colegio por la mañana y todo el ballet por la tarde, a mí no me quedaba tiempo. Yo terminaba a las 8 de la tarde y a las 6 de la mañana estaba de pie para poder ir al colegio. Esto es lo único que le falta a Alemania, conseguir como se ha conseguido ya en otros países, compaginar la escuela normal y la escuela de ballet, tener ambas enseñanzas integradas en un mismo edificio. En muchos países ya se ha conseguido, pero aquí todavía no.
Elisa: Pero, te dan un diploma, ¿no?
Alicia: Si, te dan un diploma, pero no es como un bachillerato. Yo no te puedo decir que lo tengo porque no lo tengo.

Elisa Badenes (Foto: L.R.)
Tan cierto como que los bailarines lo tienen difícil para compaginar su carrera con otros estudios, lo es también que su vida profesional es más corta que la del resto de los trabajadores, fundamentalmente porque el cuerpo no puede resistir ese ritmo de exigencia durante muchos años. El futuro de un bailarín o bailarina depende mucho de la compañía en la que haya transcurrido su carrera profesional.

“En la Ópera de París -explica Alicia-, a los 42 o 43 años se les ha acabado la carrera en la Ópera, pero ellos en realidad tienen muchas cosas positivas. Digamos que tienen la vida solucionada, es otro mundo. Antes, en Alemania a los 15 años de estar en un mismo teatro te daban el contrato de por vida o te echaban. Por esa regla de tres yo tendría que haberme retirado a los 33 años. Lo de retirarse a una determinada edad depende, por una lado de las leyes del país en el que estás desarrollando tu trabajo y, por otro, de lo que te diga tu cabeza, de cómo sientas tu cuerpo y de si finalmente quieres seguir o no.


¿Cómo os planteáis  el futuro? ¿Os gustaría morir con las zapatillas puestas?
Elisa: ¡Noooo! Yo creo que a nadie le gustaría eso.
Alicia: Eso se ha quedado anticuado.
Marti: Pues a mí me gustaría…
Elisa: Yo creo que no se puede seguir bailando cuando el cuerpo ya no puede.
Marti: A mí me gustaría seguir en el mundo del ballet, en algo que tenga que ver con este mundo. Llegará un momento en el que el cuerpo me dirá: ¡Basta!, pero a mí me gustaría continuar en algo relacionado con esto.
Elisa: Si, porque es lo que conocemos, lo que hemos estudiado, le hemos dado mucho tiempo, toda nuestra vida y si sigues en este mundo puedes dar mucho de ti porque tienes mucha experiencia. Yo estoy estudiando psicología y me iría más a esa corriente pero quizás relacionado con el mundo del ballet y porque sé que puedo aportar un poco de mí, de mi experiencia.
Marti: Yo no lo sé.
Elisa: Yo te veo con madera de profesor.
Elisa con David Moore en Skinny (Foto: Stuttgart Ballet)

Desde la terraza en la que estamos sentados charlando y tomando un refresco, se observa como fluye la vida en el parque, los patos refrescándose en el estanque y multitud de jóvenes tumbados en la hierba, la mayoría de los chicos con el torso desnudo, disfrutando de un sol que rara vez se deja ver por el cielo alemán en esta época del año. Las chicas, con ropa ligera, de verano, disfrutan también del precioso día. La cuestión sobre lo que el mundo del ballet suele robar a los que se dedican a esta profesión sigue flotando en el ambiente y Martí es el primero que se anima a sincerarse: “A mí lo que me ha quitado el ballet es tiempo, lo que estábamos hablando antes. Sobre todo en la adolescencia no puedes hacer lo que hace el resto de tus amigos que no bailan; pero en aquellos momentos yo realmente no me daba cuenta, no lo echaba en falta. Pero tampoco lo cambiaría. He sido muy feliz en mi adolescencia y no la cambiaría por nada. Y aportar, el ballet te aporta muchas cosas buenas. Muchas veces cuando te lesionas o te pasa algo que te obliga a estar fuera del ballet una temporada, te das cuenta cuenta de lo mucho que lo echas en falta. En esas situaciones es cuando un bailarín realmente puede saber si quiere dedicarse a esto o no. He tenido alguna lesión, nada grave, pero aunque sean solo dos o tres semanas, uno se da cuenta de lo que realmente quiere y lo que no quiere. Y yo lo tengo muy claro. Quiero bailar.

“A mí me ha quitado solamente una cosa -continúa Alicia-, el poder crecer al lado de mi madre. Cuando vine para aquí era muy niña. Tenía 14 años y estaba en esos años de la adolescencia que es cuando más necesitas a tu madre. Y es una cosa que sí, que llevo dentro, que me hubiera gustado vivirla a su lado; pero claro, no cambiaría nada porque el ballet me ha dado más de lo que me ha quitado. Me ha dado una vida, me ha llenado. Me ha convertido en la persona que yo tenía que ser. Si yo no hubiese hecho esto yo no sería la persona que soy ahora. Y yo creo que es muy importante que cada persona que se siente artista, no sólo las bailarinas sino todo el mundo del arte, tiene que llegar a un punto en su vida en el que sienta que ha podido sacar todo ese arte que tiene dentro. Yo sé que si de hoy a mañana tuviera que dejar de bailar, me sentiría llena, no cambiaría lo vivido por nada.
Y, ¿cómo ves el futuro?
A mí no me gusta hacer planes. Ellos me conocen y saben que para mí cambian las cosas de un día para otro, me adapto a lo que viene. Y este es un momento en el que para mí muchas cosas están cambiando. Tengo unas ideas. Yo tuve una lesión muy muy grande de la cual casi no vuelvo, y ahí empecé a pensar en el futuro. Y tengo varias ideas fuera y dentro del mundo de la danza. Depende de en qué momento dé el paso.
¿Clásico u otras disciplinas? ¿Contemporáneo…?
Alicia: Yo las dos, que si no me aburro. Clásico y contemporáneo. El moderno enseña mucho al clásico y con una base clásica tienes otro estilo de movimiento en el moderno. Yo creo que se compaginan muy bien las dos.
Martí: Yo creo que ahora no hay ninguna compañía que haga solo clásico.

Martí (Foto: L.R.)
Les pregunto si conocen el programa de televisión "Fama, a bailar" y qué opinan de las danzas urbanas. “¡Claro que lo conocemos!, -afirma Alicia. Está Igor Yebra de director. A mí me encantan las danzas urbanas. Flipo, sobre todo con el Strip Dance. A mí se me saldría todo. Me quedaría con la cabeza en el suelo, pero estos bailes me encantan. No tienen ningún tipo de miedo. 
Martí: En el clásico tienes mucho cuidado, todo está muy medido.
Alicia: Vas un poco a lo seguro. A mí me encanta ver que esta juventud no tiene miedo.

Visto desde fuera, uno de los atractivos de la profesión del bailarín es lo mucho que viajan, constantemente están atravesando fronteras y bailando en escenarios exóticos y lejanos. La pregunta inevitable es si realmente tienen tiempo para conocer esos países. “Depende de la situación -afirma Alicia. Yo he llegado a volar a Nueva York y estar allí menos de diez horas. Fue llegar, bailar y regresar. No hubo otra cosa, pero no siempre es así. Hay veces que vas tres o cuatro días y tienes la oportunidad de conocer la ciudad”. “O simplemente tienes la oportunidad de dar un paseo -explica Elisa-, pero lo disfrutas”. Martí lo tiene muy claro, también, “no eres un turista, eres un bailarín y si te queda algo de tiempo lo aprovechas, claro”. 

El Stuttgart Ballet hace cada año giras y viaja mucho a Japón y a otros países de Asia. “Yo, en cuatro años que llevo en la compañía he ido dos veces a Tailandia”, afirma Martí. Alicia adora Japón. “Tiene algo especial. Es un sitio blanco y negro. No tiene nada que ver con Europa, pero es limpio y respetuoso. No entiendes nada, no puedes leer un solo cartel, pero no te pierdes, es muy sencillo caminar por sus calles. No es como en otros países en los que a los turistas los dejan un poco apartados.  A Martí le cuesta inclinarse hacia un país en concreto. “No tengo ninguno preferido pero, en general, los países asiáticos me gustan mucho. Los países orientales te transmiten algo especial. Mi primera gira con la compañía fue en Bangkok y en Singapur. Me chocó mucho Singapur, es una ciudad que tiene 50 o 60 años. Es muy moderna y me gusta el impacto que tiene pero no me gusta tanto como por ejemplo Bangkok, que tiene su cultura y es muy especial”.
Elisa: Pues a mí un lugar que me chocó bastante fue Omán. Fuimos a Omán y además ahí si que tuvimos dos días libres y fuimos a unos paraísos increíbles. Claro, es una ciudad de ir cubierta, de te compro a tu novia por 80 camellos y cosas así, pero tiene un encanto especial. 
Alicia: Son bastante más abiertos que en los Emiratos. Dubai es bastante peor en ese sentido que Omán.
Elisa: Cuando fuimos a Omán nos dieron una charla de cómo debíamos comportarnos, fuimos con “La fierecilla domada” que para ellos tela marinera, para lo que es su cultura es lo peor que puedes llevar. Pero funcionó muy bien. 
Martí en La fille mal gardée (Foto: Stuttgart Ballet)

¿En qué escenario habéis tenido las mejores sensaciones?
Alicia: Yo te diría dos, pero los dos por dos razones completamente diferentes. Uno sería el Victoria Eugenia, en San Sebastián, porque es el primer escenario que he pisado; tenía 7 u 8 años. Y he seguido volviendo. He tenido la oportunidad de poder bailar ahí otra vez y ha sido fantástico. Y el segundo sería el Palais Garnier de París, que para mí es indescriptible. He pisado ese escenario dos veces, la primera vez tuve mi premier de La Fierecilla domada con la compañía. Y otra vez fui a hacer Tatiana con la Opera de París. Ese escenario es la bomba, aparte de que te da no miedo, pero respeto, mucho respeto.
Martí: A mí me pasa algo muy parecido. El primero es el Teatro Fortun en Reus, que es de dónde vengo. Yo era pequeñito y lo veía todo tan grande… En mi primer año en la compañía aquí fui a una gala allí, tuve la oportunidad y fue como algo que siempre había querido hacer. Y luego, durante mi segundo año aquí, en la escuela, tuve la oportunidad de representar a la escuela en la Opera de París, en el Palais Garnier. Y eso era, no ya un sueño, era algo impensable. Bailar allí fue para mí algo muy importante.
Elisa: Yo no sé qué decirte. Hemos bailado en teatros preciosos. A mí me gustó mucho el Bolshoi, en Moscú. Es una pasada. Estuve en San Petersburgo y hay teatros preciosos, pero no hay nada que se iguale a bailar en casa. Sientes algo muy especial, el cariño del público, tu familia, tus amigos…
Alicia: Son muy diferentes las dos situaciones. Si has pisado escenarios como el Teatro Colón, en Buenos Aires, sientes algo muy especial. Yo bailé allí y pensaba ¡Madre mía, la de gente importante que ha pasado por este escenario! Pero estoy de acuerdo con Elisa y con Martí que no hay nada como bailar en ese primer escenario de cuando eras niña y que está en tu casa. Sigues sintiendo ese amor por tu ciudad, por tus raíces.

lunes, 19 de marzo de 2018

Delia Liz, del ballet al estilismo

En su salón de belleza y, en el recuadro, de pequeña haciendo ejercicio de barra
La primera mitad de su vida centró sus sueños en el mundo de la danza clásica y se formó con los mejores maestros. Ahora su vena artística la dedica al mundo de la estética y el bienestar, en el coqueto salón de belleza que ha montado en La Zubia (Granada).

Lola Ramírez

En memoria de su abuela paterna, que era peluquera, Delia Fernández Jódar ha elegido el apellido de ésta para dar nombre a su salón, Delia Liz.  Ella nació en Madrid y en la capital transcurrieron sus quince primeros años. Un día, cuando apenas sabía andar, sus padres observaron cómo su pequeña hija hacía un spagat. Con las piernas abiertas en un ángulo de 180º Delia miraba a sus padres con una juguetona sonrisa. Tenía desde muy niña una asombrosa flexibilidad. A los 4 años empezó ballet clásico en la escuela de Carmen Roche para después continuar su formación con Víctor Ullate. La danza se fue metiendo en sus venas poco a poco y hasta que se tropezó con la adolescencia fue su gran pasión. Ahora reconoce abiertamente que aunque el ballet le entusiasmaba, continuar era muy sacrificado “La disciplina del ballet clásico es muy exigente -afirma Delia- y cuando eres una adolescente hay mil cosas atractivas a tu alrededor que te están llamando”.

En clase de ballet, en la escuela de Víctor Ullate
A los 4 años empezó a hacer ballet en la escuela de Carmen Roche. “Me gustaba tanto -afirma Delia- que mi padre me puso una barra en mi habitación y también hacía ejercicios en casa”. Después de tres años en Carmen Roche, Delia se cambió a la escuela de Víctor Ullate. Todos los días al salir del colegio iba a tomar sus clases de danza. “Estaba contenta, era la mejor escuela de danza de todo Madrid, pero también es cierto que era una vida muy sacrificada en todos los sentidos. Los profesores eran muy estrictos y tú te encontrabas con 12 ó 13 años viendo que tus amigas se iban por ahí y tú tenías que quedarte en casa estudiando lo que no habías podido estudiar durante la semana”. Al final dejó la danza y continuó estudiando.

De la danza al estilismo

Tenía 17 años y ya vivía en Granada cuando le surgió la duda de hacia dónde enfocar su vida. Delia siempre había sido una persona con gustos artísticos. Le gustaba pintar, bailar y escribir. Lo llevaba en la sangre. Después de una temporada tratando de gestionar sus múltiples vocaciones le surgió la oportunidad de empezar a trabajar en la peluquería de unos grandes almacenes. Curiosamente su abuela paterna había sido una gran peluquera. Pronto descubrió que había heredado las habilidades familiares y que le gustaba mucho transformar las cabezas de sus clientes, jugar con los colores y con las formas. Decidió formarse en profundidad como peluquera profesional y posteriormente hizo un Grado Superior de Estética y Bienestar. “Casi sin darme cuenta me fui enrollando con el mundo de la belleza y en paralelo fui haciendo cursos de maquillaje, de uñas y también de quiromasaje”.   

Su trabajo en la peluquería de los grandes almacenes había tocado techo y deseaba evolucionar. Se cambió a un importante gimnasio donde había una cabina de estética y peluquería. Ahora, desde hace unos meses, Delia ha decidido explotar su vena emprendedora y ha creado su propio negocio en La Zubia, en un coqueto salón de Peluquería y Belleza. “Me gusta mucho este mundo”, afirma.

¿Hay centros de estética especializados exclusivamente en el mundo del baile?
Yo creo que no, pero en muchos tenemos tratamientos muy adecuados para la gente que se dedica a ello o al ejercicio físico en general y en algunos, como puede ser mi caso, prestamos una atención muy especial a este tipo de clientes.  

Durante 10 años has estado estrechamente relacionada con el mundo de la danza. ¿Qué cuidados recomendarías a un bailarín o bailarina?
Aunque pueda resultar chocante diría en primer lugar una buena hidratación de la piel. Esto es básico para todo el mundo y para un bailarín más. También una dieta equilibrada y un especial cuidado de los pies, sobre todo si se trata de una bailarina de clásico, ya que los pies se destrozan. Yo era algo a lo que prestaba especial atención porque terminaba con los pies destrozados. Ahora tengo que prestar mucho cuidado a las manos porque es lo que más sufre. En este sentido hay también cierto paralelismo entre la danza y la estética. 

Afirma Delia que las uñas de las pies es una de los puntos débiles de una bailarina. “Cuando empiezas a bailar en puntas se te destrozan las uñas y si no las hidratas muy bien se te acaban cayendo. Hay que hidratarse mucho y hacerse la pedicura con frecuencia”. 

Imagen del salón Delia Liz
¿Qué cuesta una pedicura en tu salón?
Bueno, ahora tengo una oferta de pedicura básica por 20 euros. Pero el precio depende del tipo de pedicura que te hagas. Si se trata de otros tratamientos más complejos, con parafina o una pedicura spa, el precio sube. Yo hago tratamientos muy completas, elimino durezas y otras impurezas de la piel y la verdad es que mis clientas se quedan encantadas.

Delia opina que en las representaciones de ballet clásico, tanto lo relacionado con la peluquería como con el maquillaje está muy simplificado. “Quizás por el tipo de espectáculo tiene que ser así. El pelo va recogido en un sencillo moño bajo y el maquillaje es muy discreto. A mí me atraen mucho los maquillajes y peinados que se hacen en otro tipo de bailarines. Por ejemplo en los grupos que acompañan en las coreografías a un cantante o en las gogó-dancer de una discoteca o de cualquier espectáculo nocturno, quienes por exigencias del guión tienen que emplear una estética más sofisticada.

¿Haces ese tipo de trabajos en tu salón?
Bueno, yo no me dedico especialmente al maquillaje de caracterización, pero hago, y me encanta, muchos maquillajes para eventos y pasarelas.

Un tema de gran controversia son las dietas que se ven obligados a seguir tanto algunas bailarinas como deportistas de gimnasia rítmica. En este sentido Delia lo tiene muy claro: “Efectivamente una bailarina tiene que ser estilizada, pero yo estoy convencida de que en buena medida es un tema de genética. Al cuerpo no lo puedes forzar más allá de un límite. Si tienes tendencia a engordar es preferible dedicarse a otra cosa. Ten en cuenta que el ejercicio que hace una bailarina exige una alimentación sana y equilibrada. Está claro que con el tute que le das al cuerpo las calorías se van a quemar sí o sí”.

Primer plano de la estilista
¿Algún tratamiento facial recomendado?
Yo pienso que en general se le da poca importancia al cuidado de la piel y en especial a la piel de la cara. El protocolo que debería llevar cada persona, y en especial bailarines y bailarinas, es una higiene facial periódica. Igual que un dentista te recomienda una higiene bucal cada equis meses, nosotros los esteticistas recomendamos una limpieza facial cada dos o tres meses y un cuidado diario en casa con los productos adecuados para cada tipo de piel. Pienso que eso es algo muy importante y hay mucha gente que no lo hace.

Importantísimo también en la estética de una bailarina son las manos. Ahí, al igual que en la cara, Delia recomienda sobre todo “hidratación de la piel” y, cómo no, “tener muy cuidadas las uñas. En el caso del ballet clásico siempre se utilizan colores neutros, pero en otros tipos de danza se pueden hace manicuras con más fantasía como las semipermanentes, gel, etc.”

Las bailarinas de clásico tienen su punto débil en los pies, mientras que los bailarines lo tienen sobre todo en las piernas y en la espalda porque tienen que soportar en vilo el peso de las chicas. Delia, además de estilista, ha hecho cursos de quiromasaje y aunque sabe que las grandes compañías de danza tienen un fisioterapeuta para tratar a los bailarines, da masajes a muchos deportistas. “Tengo clientes que hacen escalada. Suelen venir con la espalda fatal, pero después de una hora de masaje quedan como nuevos. El quiromasaje es muy bueno y alivia mucho a nivel muscular. Yo a los bailarines les recomiendo una sesión periódica para descargar la espalda y las piernas, que son las partes del cuerpo que soportan todo el esfuerzo que exige la ejecución de la danza”.

Delia Liz. Estética y Belleza
García Lorca 25 Bj 1. 18140 La Zubia (Granada)
Tel.: 699232007
deliafjodar@gmail.com
facebook/DeliaLizbelleza  

viernes, 20 de octubre de 2017

Toba Singer entrevista a Annarella Roura Sánchez

Annarella Roura Sánchez. Foto: Tomé Gonçalves

Toba Singer es una reconocida escritora sobre danza y autora de First Position: A Century of Ballet Artists (Praeger Publishers 2007) y Fernando Alonso, padre del Ballet Cubano (University Press of Florida 2013). Familiarizada con el estilo y el sistema de enseñanza del ballet cubano, así como con los exigentes estándares del circuito de concursos de danza, cuando notó que una pequeña escuela en Portugal cuya directora había sido formada en Cuba, ganaba el primer premio en las principales competiciones internacionales, desató su interés en visitar la escuela para averiguar el por qué. Tenemos el placer de publicar la entrevista que realizó con Annarella Roura Sánchez, Directora del Conservatorio Internacional de Ballet e Dança Annarella Sánchez.

Dos estudiantes con Venus Villa. Foto: Tomé Gonçalves
Toba Singer: Por favor, Annarella, describe tu formación y carrera en el ballet clásico.

Annarella Roura Sánchez: Estudié en Camagüey en la Academia de las Artes Vicentina de la Torre. Hice una prueba para la escuela a la edad de nueve años. Fue un programa riguroso, de los 500 estudiantes de todo Camagüey, 30 fueron seleccionados. Así que asistí a la Escuela de Artes Vocacionales Luis Casas Romero. Primero estudié ballet y en mi quinto año, todas las escuelas orientales y occidentales se unieron en una. Mis profesores fueron Fernando Alonso y Ramona de Saá y me gradué con el más alto grado, 100 puntos. Mi formación tuvo lugar en la época en que Fernando Alonso y Aida Villoch habían venido al Ballet de Camagüey. Fernando quería cultivar en todos los estudiantes un gran amor por la danza.

El primer ballet que vi fue "Don Quijote" bailado por Baryshnikov en un video. La casa de Fernando estaba abierta a todos los estudiantes interesados ​​en cultivar el amor por las artes y el amor por la danza, trabajábamos no sólo para dominar la técnica sino también para convertirnos en artistas de ballet inteligentes. Aprendimos cómo analizar el trabajo para que avanzara contando la historia del ballet, siempre haciendo la pregunta "¿Por qué?" para cada movimiento y así convertirnos en bailarines más inteligentes. Aunque, por supuesto, se daba una gran importancia a la técnica, ese proceso de interrogación era aún más importante. 

Annarella sánchez dando classe. Foto: Tomé Gonçalves
Me uní a la compañía en Camagüey en 1991. En 1995 fui a Venezuela para integrar la compañía de ballet juvenil allí en el Teatro Alberto de Paz y Mateo en Caracas y la tercera esposa de Fernando Alonso, Yolanda Correa, me ayudó mucho a hacer esas conexiones. Trabajé en Venezuela como maestra. Después de bailar con la compañía juvenil todos los días, daba clases. Un año más tarde regresé a Cuba, donde empecé a tomar el curso de enseñanza en el Instituto Superior de Arte en Ballet Clásico. Asistí como bailarina-estudiante. Defendí mi tesis y recibí mi certificación como profesor de ballet clásico.

Cuando terminé mi tesis, volví a Caracas. Tuve que hacerme una operación para una periostitis tibial. A pesar de la cirugía, no pude volver a bailar y me vi obligada a abandonar mi carrera como bailarina a muy temprana edad. Tomé la decisión de dedicarme a la enseñanza. Venezuela tiene una gran comunidad portuguesa y es muy aficionada al ballet. Hablé con muchos bailarines y maestros experimentados: Caridad Martínez, Aurora Bosch, Lillian Chan, Rolando Sarabia, Ramona de Saá y Mirta Hermida. Yo había asistido a todas sus clases, había querido conocer su metodología. Conocí a mi marido, que es portugués, en un vuelo de avión y nos casamos. Así que llegué a Portugal con licencia del Instituto para enseñar ballet clásico y las artes escénicas.

Aprendí portugués y tomé la decisión de cumplir mi sueño de tener mi propia escuela de estilo cubano, como las que yo había conocido y donde me había formado, en Portugal. Nunca corté mis lazos con Cuba, esos lazos eran muy fuertes y debo mucho a nuestra ex embajadora en Portugal, Johanna Tablada, por ayudarme a establecerme aquí. En 1998 inicie el proceso de acreditación, en Portugal no sabían nada del ballet en Cuba.
Un chico ayudando a una niña con su peinado.
Foto: Tomé Gonçalvez
Construí la escuela muy lentamente, paso a paso, porque había un esfuerzo consciente por parte de algunos de los padres para tratar de desacreditar a la escuela, a la que definían como una "agencia de la tiranía cubana". Usaron el hecho de que insistimos en uniformes, alineados los niños hasta entrar en el aula, instituyendo el silencio durante la clase y otras prácticas normales en la enseñanza disciplinada muy rigurosa del ballet, para divulgar el argumento de que aplicábamos la "tiranía cubana" a los niños de Leiria. Varios portugueses también tenían una idea equivocada sobre la danza cubana, pensando que no era más que salsa. Así, como una manera de acercar culturalmente la escuela a la comunidad y la comunidad a la escuela, comencé con un espectáculo de niños, siguiendo la línea del espectáculo que organizábamos en Cuba como lo hizo la compositora infantil Teresita Fernández, incorporando música de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés y creando una especie de fusión de ballet con teatro infantil y danzas y canciones folclóricas tradicionales.

Luego empecé clases de ballet para niños, usando música adecuada para ellos. Incorporé fados y otros elementos de la cultura portuguesa y ritmos combinados de Cuba como el Guananco (bailes de rumba de inspiración indígena) con los de Portugal. Y les gustó mucho, ¡a los chicos especialmente les encantó!

En 2003, llevé a un grupo de estudiantes, algunos de los cuales no eran de Leiria para asistir al Encuentro Internacional de Academias de Ballet anual en Cuba y fuimos allí cada año desde 2005 a 2010, año en que fue la última vez que vi a Fernando Alonso.

Annarella con Caridad Martínez. Foto: Tomé Gonçalves

Después de eso, pensé que un ambiente competitivo ayudaría a inspirar a los padres y a mejorar la técnica de los estudiantes. En 2005 había empezado a traer maestros y bailarines cubanos aquí. En 2012, nuestros seis mejores estudiantes compitieron en el Youth American Grand Prix, después de un proceso de selección en París. Una de las chicas fue segunda. En 2013, en París, ganamos el premio a la mejor escuela europea, así como la primera y segunda plazas. Este año, ganamos el Premio Youth American Grand Prix Outstanding School 2017 y Laura Viola y Antonio Casalinho fueron elegidos para bailar en el Lincoln Center en Nueva York. Los resultados han sido altamente considerados no sólo aquí, sino en los Estados Unidos, México y China.

TS: ¿Qué incluye el plan de estudios?

ARS: Tuvimos en consideración los requisitos de un programa aprobado por el Estado, el primer programa autorizado por el Presidente de la República de Portugal. Comenzamos a los cinco años de edad y cuando llegan al quinto grado, los estudiantes toman seis horas de clase de técnica por semana. Tratamos de seguir los parámetros de la escuela cubana, ofreciendo Física, Informática, etc., y hemos trabajado con la autorización del gobierno para crear un cuerpo estudiantil internacional. Invité a Martha Ulloa a venir a analizar tanto el currículo académico como el de artes para integrar ambos en el programa.

Estudiantes en clase con Margarita al centro.
Foto: Tomé Gonçalves
TS: ¿Ves la escuela como un trampolín para la formación de una compañía profesional?

ARS: Espero montar una compañía junior en diciembre. Recibiremos ayuda del Sarasota Ballet. Estamos programando "Les Sylphides". También esperamos hacer "Coppèlia" con el apoyo del Ministro de Cultura, porque no existe nada como nuestra escuela en ningún lugar de Portugal.

TS: Europa ha tenido una profunda influencia en la formación del estilo del ballet cubano. Fernando Alonso, Loipa Araujó, Laura Alonso y Aurora Bosch me han hablado de cómo Fernando seleccionó los maestros más relevantes de las escuelas inglesas, italianas, francesas, rusas y danesas, así como lo que Fernando y Alicia aprendieron en Estados Unidos, y, aunque no tratándose de un cóctel, cada uno de esos rasgos, que podrían ayudar a elaborar el estilo cubano, se convirtió en parte de la pedagogía desarrollada por Fernando y Ramona de Saá y otros en el equipo. ¿La presencia de profesores cubanos en Europa tuvo un impacto recíproco en la enseñanza aquí y en España, por ejemplo?

ARS: Creo que sí. Tenemos una relación de colaboración con una escuela RAD (British Royal Academy of Dance). Ellos envían a sus estudiantes a recibir formación cubana con nosotros. Estamos lanzando un programa de formación de profesores en Europa que confían en la fortaleza de la escuela cubana. Existe la falsa noción de que la escuela cubana sólo es buena para los hombres pero no para las mujeres, pero Cuba ha entrenado bailarinas que bailan en escenarios de todo el mundo. ¡Cuba ha tenido un gran impacto de manera recíproca con otras escuelas de Europa! Taína Morales está en English National Ballet. Aurora Bosch se convertirá en una de las madrinas de nuestra nueva compañía junior en un esfuerzo por mantener la uniformidad y la disciplina de la compañía. Por mi parte, me esforzaré al máximo para respetar lo que Cuba me enseñó. Denominaremos los estudios con nombres de varias personas que han contribuido al desarrollo del ballet cubano, no sólo como un medio para honrarles, sino para educar a nuestros estudiantes y bailarines sobre los importantes papeles que han desempeñado.

TS: Tus estudiantes están demostrando estar entre los mejores de Europa Occidental. ¿Qué características específicas están desarrollando en ellas que invitan a resultados tan notables?

Alumnos de Annarella. Foto: Tomé Gonçalves
ARS: Yo apoyo la diversidad, por lo que no voy a imponer el ballet clásico. No les digo: "Vayan a ganar una medalla", pero les digo que bailen con el corazón. Así que estoy animando a los estudiantes a abrazar la diversidad: Baila ballet clásico y disfrútalo, pero no impongas el ballet clásico en todo. Yo uso mucha música latina, bailan danzas de carácter y contemporáneo con ella. Les digo: cuando estés en el escenario, baila lo que sientes y no te preocupes, porque tenemos contactos con bailarines que interpretaron todas estas obras; aporta energía positiva; improvisa; desarrolla el deseo de resolver cualquier problema que surja; siempre busca lo que sea necesario. ¡Eso somos nosotros! No sólo estamos aprendiendo a ser bailarines, estamos descubriendo lo mejor de nosotros, lo que hay de inventivo en nosotros como pueblo.

TS: Fernando Alonso creía que no se puede construir una academia de estilo cubano desde el vacío. Debe haber apoyo demostrado por la sociedad circundante y un cuidadoso cultivo de artistas de danza. En una sociedad revolucionaria, el compromiso no es sólo financiero, sino que la cultura misma pone la más alta prioridad en una forma de baile que se considera la más prescindible en los países capitalistas. ¿Qué presiones impone sobre su metodología?

ARS: La gente tiene miedo del ballet. No invierten dinero en ella. La carrera del bailarín implica un futuro incierto. Tenemos que combatir estas pre-concepciones y prejuicios. Tenemos que abrir una buena puerta a esta carrera. Los padres tienen que estar convencidos de darlo todo. Sus hijos están recibiendo disciplina no sólo en la escuela, sino en la vida. Se están convirtiendo no sólo en buenos bailarines, sino que están desarrollando buenos valores. Valorar algo que se está aprendiendo, valorar algo distinto del dinero y las posesiones, el trabajo duro. Estos valores son buenos para sus hijos. No entre en la clase con su teléfono. Todavía hay familias que no matricularán a sus hijos aquí debido a la disciplina, pero muchos lo han hecho. Mi compromiso es grande; alimentamos y cultivamos a los mejores maestros, que lo dan todo sin pedir nada. No cuentan las horas. Ese es el secreto: trabajar por el resultado.


TS: ¿Basándose en la red de maestros cubanos y artistas de ballet en España y Portugal, se puede imaginar una región de toda Iberia desarrollando el estilo cubano, la práctica formativa y la ética de trabajo?

ARS: Ya somos una plataforma para el ballet cubano en Europa, incluyendo España, Portugal, Italia, Rumania y también para América Central y del Sur, incluyendo Argentina, Brasil y México. Nuestros estudiantes vienen de todos esos países. Estamos basados en la red dentro y fuera de Cuba, compuesta por maestros cubanos y artistas de ballet clásico. ¡Nuestra región comienza con Cuba pero abraza a todos en el mundo que quieren y aman bailar!


Traducción del inglés: Carolina Masjuan

martes, 1 de agosto de 2017

Gala benéfica de danza en Bescanò (Girona) - Entrevista a David Rodríguez

David Rodriguez en Sweet, Sweet, Sweet de Marco Goecke.
Foto: Ruper Larl

Por pura casualidad nos enteramos de que en la pequeña localidad de Bescanò, en la provincia de Gerona, se organizaba una gala de danza en beneficio de la lucha contra el cáncer. Los nombres de los bailarines implicados llamaron nuestra atención, todos ellos de la provincia de Gerona, actuando gratis por una buena causa y por el placer de bailar en su tierra, pero el artífice de todo ello era un joven bailarín que confesamos con rubor, mucho, no conocíamos anteriormente.

Una vez puestos en contacto y a pesar de no haber asistido a la gala por haber adquirido otros compromisos previos, muy amablemente nos concedió la entrevista que ahora publicamos y que nos ha emocionado y sorprendido a partes iguales. Muchas gracias David, por ser como eres y por habernos abierto tu corazón. Confiamos verte pronto en escena y esperamos que nuestros lectores se emocionen tanto como nosotros. En breve seguirá una reseña sobre la Gala que él organizó.

Carolina Masjuan

Háblanos un poco de tí, de tu trayectoria como bailarín y de tu forma de entender la danza.
Desde que era bien pequeño el mundo del escenario me ha fascinado. Recuerdo jugar a hacer obras de teatro, imitar a personajes que veía por la tele, disfrazarme, cantar, bailar... Creo que ha sido parte de mi desde que tengo memoria. Me llena y me emociona. El escenario es para mi una herramienta fantástica de comunicación y la uso como tal. Uno puede expresar sentimientos muy profundos a los espectadores y al mismo tiempo recibir la reacción que tienen éstos, su respuesta a aquello que les propones. Simplemente apasionante. Este afán de comunicación artística es lo que motivó a mis padres a inscribirme en una escuela de música y piano a la edad de cinco años. Me gradué como pianista con 18 años en el Conservatorio de música Isaac Albéniz de Girona. Durante este tiempo estudié teatro en la escuela El Galliner de Girona, y participé en varias obras con el grupo Proscenium de la misma ciudad y en todos los proyectos teatrales que mis horarios escolares me permitían. Vivía para respirar teatro. Visto con perspectiva, ahora me doy cuenta que sin querer o sin ser consciente de ello, ya estaba diseñando mi destino: una vida en teatros para expresar mis más profundos sentimientos, mis alegrías y mis angustias. La vida es muy inteligente, siempre te lleva al sitio adecuado si uno sabe escuchar y seguir al corazón.

David Rodríguez. Foto: Regina Brocke
Al contrario de lo considerado "normal", el arte de la danza llegó tarde para mí. Mi madre había realizado cursos de danza y fue entrenadora de gimnasia rítmica, por lo cual desde pequeño he estado influenciado por su sensibilidad por el movimiento y las posibilidades del cuerpo. Aún así, no fue hasta los 16 años cuando una amiga con la cual iba al instituto me propuso acompañarla los viernes al grupo folclórico Esbart Fontcoberta de Banyoles. Acepté y en seguida aprecié que la danza poseía algo muy misterioso de lo cual mi alma no podía escapar. Maria Elvira Buck Gili, maestra de ballet, vio una actuación del grupo folclórico y me lanzó la pregunta: ¿Quieres venir a tomar una clase de ballet? Aunque al principio tuve mis dudas, acepté el reto. 

La semana que cumplí los 17 años tomé mi primera clase de ballet con ella. Rápidamente me cautivó y comencé a prepararme parar realizar la prueba de acceso al Conservatorio de danza del Institut del Teatre en Barcelona. Me aceptaron y estudié allí un año. Motivado por mi admiración por el coreógrafo Maurice Béjart, audicioné para su escuela y obtuve una beca para formarme en Rudra Béjart en Lausanne. Allí aprendí realmente la profesión de bailarín y me preparé para el mundo laboral. Entendí también una cosa fundamental que todo bailarín ya intuye de forma natural: la Danza es sagrada. Cada gesto, cada movimiento contiene en sí mismo un sinfín de significados, emociones... una auténtica revelación. Danza y espiritualidad van cogidas de la mano en mi vida y en mi trabajo. Lausanne fue una experiencia intensa y mágica al mismo tiempo. 

Cuando acabé mis estudios estuve un año en la compañía Béjart Ballet Lausanne como aprendiz. Posteriormente me uní a la compañía Nacional del Tirol (Tiroler Landestheater), en Innsbruck, bajo la dirección del catalán Enrique Gasa Valga. A él le debo mucho, por su insaciable compromiso con el público, su afán de superarse y por todo el apoyo que recibí como bailarín en su compañía. En ésta tuve la oportunidad de bailar como solista en muchos ballets de Enrique y de otros coreógrafos invitados como Natalia Horecna, Angel Rodríguez y Bridget Breiner, entre otros. 

David en Nijinsky. Foto: Marco Goecke
Cuatro años después, Eric Gauthier, director de la compañía Gauthier Dance//Theaterhaus Stuttgart me propuso un contrato y acepté, con ganas de probar un repertorio diferente. Desde entonces trabajo en Stuttgart y bailo piezas de diferentes coreógrafos como Marco Goecke, Hans van Manen, Jirí Kylián, Alexander Ekman, Guillaume Coté, Hofesh Shechter, Ohad Naharin, Andonis Fonidiakis y  Mauro Bigonzetti entre muchos otros. Es una compañía que ofrece un repertorio neoclásico y contemporáneo, y me fascina el reto de llegar a ser un bailarín lo más versátil posible. Las giras internacionales por Canadá, Estados Unidos, Tailandia, Israel, Rusia, Italia, etc. no hacen más que acentuar mi motivación para trabajar con ésta compañía. El pasado diciembre tuvimos la oportunidad de bailar en Madrid en los Teatros del Canal para Madrid en Danza con el ballet Nijinsky de Marco Goecke (creación para Gauthier Dance), en el cual bailo el rol de Diaghilev.

Estoy graduado en Humanidades por la UOC (Universitat Oberta de Catalunya), concretamente en la especialidad de Gestión Cultural. Tengo fe devota en la relación entre danza y educación, y cuando puedo intento involucrarme en investigaciones al respeto. He realizado algunos artículos publicados en revistas científicas como APUNTS, GRAÓ y Eucatio Siglo XXI.

¿Cómo surgió esta iniciativa de Bescanó?
Hace un año algunos bailarines de Girona quedamos para cenar y salió el tema de que nunca hemos tenido ocasión de bailar en nuestra tierra. Muchos bailarines se mostraban tristes porque sus familias no los habían visto nunca bailar. Todos sabemos que en España no hay un mercado laboral suficiente para dar trabajo a los fantásticos bailarines que este país ofrece. Pensé que podríamos organizar un evento en el cual los bailarines de la provincia de Girona pudieran bailar para el público de casa. Hace tiempo que estoy muy sensibilizado con el tema del cáncer por motivos personales y familiares y pensé que podríamos bailar para una buena causa. Fue entonces cuando me puse en contacto con la Fundación Oncolliga Girona. Lluisa Ferrer, presidenta de la fundación, acogió la idea con emoción y me dio carta blanca para organizarlo. 

David en Ballet 101 de Eric Gauthier.
Foto: Ruper Larl
Como estoy metido en el estudio de la gestión cultural gracias a la universidad, me propuse tirar el proyecto adelante. Me puse en contacto con bailarines de la provincia que están trabajando profesionalmente en compañías nacionales e internacionales. Mi ilusión en esta gala ha sido reunir a estos fantásticos profesionales de la provincia y acercarlos al público de Girona. ¿Tiene la gala un punto reivindicativo? Ciertamente sí. La calidad artística y profesional de nuestros bailarines merece que el país se encargue de darles trabajo digno y un reconocimiento justo. Por otra parte, el objetivo de la gala ha sido recaudar fondos para el servicio de oncopsicología y para el banco de pelucas que ofrece la fundación Oncolliga Girona.

Al inicio la idea era realizar la gala en el teatro municipal de Girona, pero ésta debía hacerse a finales de Julio por cuestiones de agenda de los bailarines, y precisamente el teatro está cerrado por estas fechas. Las dificultades prácticas y legales vencieron mi insistencia. El Teatre de Bescanó se presentó como una opción alternativa y acepté, ya que los bailarines estaban entusiasmados con el proyecto y quería llevarlo a cabo. Bescanó está muy cerca de Girona y pensé que sería posible. Me arriesgué mucho al programar dos galas, el 27 y el 28 de Julio, ya que el teatro no tiene tradición de danza y son fechas difíciles para conseguir público para una iniciativa nueva de danza. 

Para sorpresa de muchos, las entradas se han agotado los dos días, y mucha gente se ha quedado sin poder ver el espectáculo. Lo considero un éxito y una prueba de que efectivamente cuando se ofrece buena danza, el público responde, viene al teatro y disfruta. De esta manera, la respuesta del público ha sido excelente. Diferentes personas vinieron a verme para decirme que nunca les había interesado la danza, pero que el espectáculo les había entusiasmado tanto que desde ahora en adelante iban a prestar atención a este arte. ¡Qué alegría para mis oídos! Creo firmemente que eso se debe al amplio abanico de estilos diferentes de danza que ha ofrecido la gala, haciendo que el público descubra lo que más le gusta y goce de ello. Toda una satisfacción para mi y para todo el equipo de la gala. ¡Ya hay demanda para una segunda edición!

Foto de la Gala. Foto: Hayim Heron

¿Ya os conocíais los bailarines de Girona participantes? ¿ha sido fácil animarles a que participaran?
Los bailarines han respondido con mucho entusiasmo. Desafortunadamente, por cuestiones de agenda no he podido reunir a todos los profesionales de la provincia, pero en esta primera edición he podido contar con nueve: Tess Buck Gili, Marià Huguet, Antonio Izquierdo, Marc Balló, Virgina Joëlle López, Chantal Soler, Andrea Fernández, Pere Planas y yo mismo. Estos bailarines han bailado con mucho corazón en esta gala con otros bailarines de sus respectivas compañías. De la compañía donde trabajo, Gauthier Dance/Theaterhaus Stuttgart, han venido tres: Luke Prunty, Sandra Bourdais y Maurus Gauthier. Les estoy muy agradecido!

La mayoría de los bailarines invitados ya los conocía anteriormente, pero también han bailado otros que hasta el momento no nos habíamos cruzado, por ejemplo las dos bailarines de danza española: Andrea Fernández y Chantal Soler con las que ha sido un placer coincidir para este evento tan especial. Desde el inicio quería que la gala sirviese también como punto de encuentro entre distintos profesionales de la provincia. De estos encuentros se puede aprender mucho y formar vínculos para futuros proyectos. Además, ha sido un placer contar con la joven pareja de bailes de salón Pere Planas y Núria Pérez. Es raro poder gozar de los bailes de salón en el contexto de un teatro. Considero que ha sido un reto pero hemos obtenido un resultado fantástico que el público ha apreciado.

David en un ensayo.
Foto Regina Brocke
Creo que actuáis de forma totalmente desinteresada. Siendo una gala benéfica imagino que el fin motiva, pero supongo que también, como ya has apuntado, la oportunidad de bailar en casa, ¿no?
¡Exactamente! Las familias de los bailarines están muy agradecidas por este evento porque ha hecho posible que pudieran ver a los suyos bailar en casa. Muchos abuelos no pueden viajar a Londres, Hamburgo o Polonia por cuestiones prácticas, económicas o de salud. Esta gala ha sido un sueño hecho realidad para muchos de ellos, entre ellos los míos. Esto me llena el corazón. La causa benéfica de la gala ha motivado profundamente a los bailarines a participar de forma desinteresada, siendo el cáncer uno de los problemas de salud que más afecta a la sociedad de hoy en día. Estoy muy contento que a través de la danza, una de las artes con la que me siento más identificado, puedo poner mi grano de arena para una causa tan importante como ésta. Voy a seguir intentando colaborar en la lucha contra el cáncer a través de la magia de la danza.

Hay mucha variedad de estilos en el programa. ¿Cómo has organizado la Gala?
La gala contiene piezas más clásicas, de coreógrafos como Kenneth MacMillan y John Neumeier, y piezas más contemporáneas, de coreógrafos como Alejandro Cerrudo, Nadav Zelner y Po Cheng Tsai. También se han podido ver otros estilos como los bailes de salón, danza sufí y  flamenco. Además, hemos contado con la participación del grupo folclórico Esbart Fontcoberta de Banyoles para la apertura de la gala. Debo confesar que ha sido una elección muy personal porqué es el grupo en el que empecé a bailar así que contiene un valor sentimental para mí. Al público le ha encantado porqué se puede ver a 18 bailarines en el escenario bailando "Marina", una danza tradicional catalana.

La organización de la gala no ha sido fácil pero las ganas pueden con todo. Mi familia me ha apoyado en todo momento y se han volcado con pasión para la causa. Tengo que admitir que es difícil organizar un evento de estas dimensiones a distancia... Hubiera sido mucho más fácil estando en Girona. Pero por suerte hemos contado con la colaboración de la Fundació Oncolliga Girona y de voluntarios que han facilitado algunos trámites. 

David Rodríguez. Foto: Regina Brocke
El resto se ha hecho a golpe de tecnología: Whatsaaps, emails, llamadas, Skype, etc. Hemos conseguido algunos patrocinadores que también han facilitado los costes, entre ellos RM Agència Immobiliària, el Ajuntament de Bescanó, Suport Vertical, Giroimatges, The Classical Ballet School of Maria Elvira Buck y la escuela de danza Cont-Class de Girona. Desde mi punto de vista es imprescindible crear vínculos de colaboración entre las instituciones públicas y las empresas privadas para poder llevar a cabo la financiación de proyectos culturales.

Elaboré un horario en función de la disponibilidad de los bailarines y dos días antes de la gala empezaron los ensayos técnicos de cada pieza en el Teatre de Bescanó. El actor y dramaturgo Martí Peraferrer se encargó de la presentación de la gala de una forma impecable. Es un profesional con mucho carisma y una persona con un corazón enorme, así lo ha demostrado en la gala. Hemos trabajado bien juntos y espero poder colaborar con él otra vez en futuros proyectos.

¿Tienes a menudo oportunidades de bailar en Cataluña?
No bailaba en mi tierra desde que marché para estudiar en la escuela de Maurice Béjart. Así que se puede decir que como profesional esta gala ha representado la primera vez que el público catalán me ha podido ver. ¡Espero que salgan otras oportunidades! Creo que hay mucho por hacer pero soy de naturaleza optimista.

¿Qué opinas en general de la situación de la danza en Catalunya?
Hay propuestas muy interesantes, pero que no siempre llegan a realizarse o mantenerse por fallos en la gestión, falta de presupuesto o de apoyo institucional, etc. Está claro que en Catalunya hay mucho talento, y hay que dar posibilidades de trabajo a ese talento. Creo que el secreto es empezar con proyectos que realmente sensibilicen al público. Las instituciones no están acostumbradas a grandes compañías de danza, desconocen las profesiones de este arte y el funcionamiento real de una compañía. Por otra parte hay que educar al público, hay que acercar la danza y los bailarines a éste. Esto es para mi fundamental, no se puede construir una casa empezando por el tejado, ¿no? 

Ensayo Nijinsky de Marco Goecke.
 Foto: Regina Brocke
Por nuestra parte, si se consigue que el público se entusiasme con la danza, las instituciones se van a ver obligadas a dar una respuesta a esta necesidad pública. De todas formas considero que la cultura es un derecho fundamental de un estado democrático y las instituciones públicas deberían promoverlo sin necesidad de un ruego constante. Una posibilidad sería empezar motivando y acercando el arte de la danza a las escuelas... No es fácil, pero no es imposible. Soy del parecer que se debe luchar para la integración de la danza en las escuelas como parte del currículum educativo, ¡los beneficios serían inmensos!

Hay muchos festivales y muy buenos, pero una compañía de danza estable puede aportar un sinfín de cosas que una programación de danza en un festival no puede conseguir, cómo por ejemplo el sentimiento de orgullo y pertinencia de un pueblo con su compañía.... Hay que conseguir que el pueblo siga una compañía de danza con la misma afición con la que se siguen los clubs de fútbol!

¿Sabes de la compañía que hubo en el Liceu durante tantos años en la época del Maestro Magriñà?
El maestro Magriñà representa un pilar fundamental en la historia de la danza en Catalunya, y le debemos mucho. Me fascina su capacidad, ya en ese momento, que tenía para relacionar la danza con otras artes como la pintura y la música. En ese sentido trabajó con grandes artistas como Pau Casals y Joan Miró. Además, no hay que olvidar todo el trabajo pedagógico que realizó y los bailarines que formó en el Institut del Teatre i en el Conservatorio del Liceu. Aportó a Barcelona aquello que había aprendido de Serge Lifar en París. Me parece muy triste que un teatro como el Liceu de Barcelona no tenga hoy en día una compañía de ballet estable... simplemente surrealista...

David Rodríguez. Foto: Regina Brocke
¿Conoces el programa Ibstage? ¿Qué opinas?
Desafortunadamente nunca he podido ir en persona a verlo porque siempre estoy trabajando por estas fechas. Pero se ha ganado el reconocimiento internacional en los últimos años y me parece un programa muy interesante, precisamente porque da la posibilidad a jóvenes bailarines de tener una experiencia profesional y trabajar con maestros de renombre. Independientemente de la gala, que he oído que es espectacular, me interesa en particular su labor educativa y el compromiso que presenta con los jóvenes talentos de la danza clásica.

Y sobre la formación del Ballet de Catalunya ¿estás al corriente?
He leído la noticia. Toda iniciativa para crear una compañía de danza estable de calidad, sea cual sea su estilo, me parece interesante y un proyecto digno de apoyar. 

Espero realmente que funcione y que pronto podamos gozar de un cuerpo de baile estable que ofrezca una vida laboral digna y reconocida a los increíbles bailarines que ofrece este país. ¡Sería un orgullo para todos!